martes 12 de julio de 2011

campo
“Aunque avance en esta calle el destino no vendrá.
Aunque el tiempo sea eterno, ya no puedo esperar más.
Cuando vuelvo del olvido no tengo a dónde ir
Cuando sueño con las cosas que perdí muero en mí”.
Tristeza, Mostruo!

“De todo lo que compone al hombre lo más frágil es, como puede verse, lo humano”
El entenado, Juan José Saer.

Nunca supe bien qué hacer en el campo
además de aburrirme. Morir un poco. Bostezar.
Hay una luz brillando a lo lejos.
Difusa y…
                          …
                          … acá necesitaría una palabra que suene bien
                          como estival
                          pero esa… quiere decir verano
                          y no.
                          Tantas cosas son justo al revés,
                          parecen otras; quedan bien donde no van
                          se evaporan...
y vuelvo al campo.


Llanura mediante, tutela el final del día la luz azul.
La tierra a los lados de la ruta es de color marrón y seca.
Si hubo vacas, ya no quedan.
El cielo es un velo lavanda que tapa
alguna otra cosa
hasta los pies.

No sé adivinar nada. Y qué hay debajo del cielo, tampoco lo sé.
Algunos árboles distraen mi concentración
que es tan dispersa… a veces.
Cuando se ubica (en cambio)
puede funcionar
marchar
ser
el disparo que raja el velo
o lo revienta en dos.
Tengo la paciencia de un francotirador.
Su puntualidad, su certidumbre, su desasosiego.

Y ahora estoy
concentradamente
meditando
a qué veníamos
andando por la ruta.

A decir qué cosa
para qué otros
que la recorran 
(cuando no sea la misma).
hasta donde el viento comience a deshacer lo que está hecho
como si no hubiera habido
nadie nunca nada