“Tan solo estando así contigo,
veo mi elemento
veo en el silencio amor”
Luis Alberto Spinetta
Como ahora no tengo nada que hacer
–las pelusas en el suelo de mi casa pueden esperar;
no van a caer más allá del piso–
me doy cuenta de que la gente
me deprime un poco en ese optimismo…
¿Por qué preguntan qué querés hacer
(para saber de qué va a tratarse mi proyecto de vida)?
Como querer… quisiera
comerme una pizza, tomar un baño de inmersión;
poder hacer algo para que haga calor y poder salir a regar las plantas al patio
y también besar al que me lo pregunta.
Voy a escribir.
La respuesta así certera no le alcanza.
Pero no es lo que quiero… Es que lo voy a hacer.
No te entendí, me dice.
¿Querés dedicarte a escribir?
Me quedo en silencio, en la noche más fría de la plaza pintada de luces amarillas y ramas peladas
pensando cuánto mal nos ha hecho el sistema capitalista y su antídoto: el psicoanalista.
Lo inevitable, la necesidad no se quiere. Se acepta. Se es.
No es un plan, un proyecto, un deseo propio.
Es una forma musulmana... de saberse sometido a la voluntad de Dios.
¿Cómo se puede querer?
Esta cabeza…
Esta noche fría…
Esta posibilidad…
Esta incertidumbre…
Esta certeza…
Que en breves instantes… vos y yo
nos haremos un fade
una desaparición,
una especie de muerte en la vida del otro
sin que lo elijamos del todo.
Yo a veces siento…– me dice
–… que los días en que no hago lo que me gusta,
la vida no tiene sentido.
Yo a veces siento…
mientras escribo…
la vida tampoco lo tiene.
Pero consta en acta.
He cumplido.
Y como no van a pedirme más...
Ahora sí… ¿me dejás decirte la verdad?
Una pizza, más calor, salir al jardín y besarte.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada