lunes 15 de agosto de 2011

Días de inflexión y reflexión



La furia fría
Entiendo que entre las irritaciones posibles, una de ellas pueda ser la de los kirchneristas de la primera hora, que ven ahora venirse el aluvión de nuevos kirchneristas a partir de los sucesos trágicos de la muerte de Néstor. Pasa como con las bandas de rock: están los que se jactan de haber visto a la banda nacer; están, también, los advenedizos que se pliegan al pogo del último momento. Y estamos, entre otros, los que nos levantamos cerca del mediodía y damos el sí todavía un poco dormidos y en un afán diplomática con cierta disculpa por nuestro retraso.  No me jacto de mis tiempos, pero asumo que soy de las personas que reaccionan tarde. Me ha ayudado a no enojarme ya tanto con estos delays una frase de Walsh (otra vez), de su diario personal: “Las cosas que quiero: los que no obedecen; los que no se rinden; los que piensan, forjan y planean; el análisis claro, la revelación de lo escondidos; la furia fría”. Esas cosas llevan tiempo. La furia fría lleva tiempo; lleva ríos de tinta, ensayos de textos que quedan inconclusos archivados en la computadora, por pedazos que un día se juntan para decir algo.
Me llevó tiempo despertar del letargo anémico de la generación auspiciada por desencanto de la política, atrincherada tras la desazón Kurt Cobain; nacida bajo el desamparo de la pos dictadura, a meses de la guerra de Malvinas; salir de los enclaves de una generación que vivió su infancia en el menemismo y que celebró los veinte en el contexto de la mayor crisis de representatividad que tuvo la democracia, allá por el 2001. Nos educó el descreimiento y la protesta. Nos acostumbramos a desconfiar antes que a escuchar.

El poder de lo simbólico
A veces la casualidad funciona como metáfora y es definitoria. Néstor se muere el día del Censo, cuando el país entero va a ser recontado. Un pueblo que tendrá, entonces, la posibilidad de un nuevo relato en esta historia colectiva. O mejor dicho: un relato colectivo que empieza reconociendo que se necesita de esos fragmentos y voluntades individuales para una historia conjunta y nacional. No sólo los políticos y militantes son necesarios para reescribir esta historia. También escritores, músicos, periodistas, editores, artistas, trabajadores, empresarios, dirigentes…
En el anterior posted, decía que las causan no son las personas, van más allá. Pero algunas formas de encarnar una causa hacen que ésta sea más sólida, más luminosa, más fuerte.
Néstor y Cristina supieron que el discurso es la manera de posicionarse frente al mundo; de construirse. En ese sentido, le dieron contenido nutritivo al discurso político que algunas generaciones habíamos encontrado siempre vaciado de sentido. La palabra no es la acción pero la orienta, la antecede. Y en ese sentido, pusieron en su discurso la agenda de temas de los que era necesario que hablemos, que nos desahoguemos. Y sobre los que necesitábamos obrar.
En instalar la conciencia colectiva de que somos semejantes de nuestros semejantes (nuestros hermanos los pueblos latinoamericanos) y diferentes de los diferentes (una idea que parecía habérsenos olvidado tras tantos años de relaciones carnales con Estados Unidos y de desorientación política) está la posibilidad de un posicionamiento digno como país, por citar solo un ejemplo.
Algunos detractores del oficialismo han creído y creen que el cuidado y el trabajo que ha llevado la reparación de lo simbólico no es importante; que ha tapado otros temas supuestamente más urgentes. Lo simbólico, el lenguaje, es no sólo urgente, sino fundacional. Es lo que puede configurar a un individuo en un psicótico, por ejemplo. Esa postura es el primer escalón del descreimiento en la cultura; de cierta mesiánica voluntad de arrasamiento para gobernar una sociedad de zombies, como la que tuvimos tantas veces. Justamente por eso, el trabajo que ha hecho el kirchnerismo en la reposición de ciertos valores humanos e identitarios nos ha fortalecido como seres humanos y como ciudadanos de una forma tan honda que no van a alcanzar los libros de historia para contarlo.
Néstor y Cristina han llevado adelante en su discurso una palabra que no es su palabra impuesta; es una excelente interpretación de todo lo que nos había quedado atragantado y silenciado desde hace mucho tiempo como sociedad. Una palabra que habla de lo que tenemos pendiente; de lo que nos debemos; de la suficiente madurez que debemos tener como para retroceder, cuando hace falta, hasta donde nos equivocamos como sociedad para poder avanzar definitivamente. Un discurso en el cual los errores previos, viejos y nuestros tienen un precio que estamos pagando pero son pensados como escalones ineludibles de aprendizajes para construir un país mejor es un proyecto adulto, inclusivo, genuino. Un discurso en el cual no hay voluntad de venganza sino de justicia histórica; de furia fría contra los traidores de la patria y los sectores más recalcitrantes de poder, es un proyecto nacional y popular.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

QUE EXTRAÑO...PENSAR QUE ALGUNA VEZ ..TE ESCUCHE DECIR...¿ COMO HAGO PARA ESCRIBIR?....